05julio
2021

Tu encrucijada

Parece un gran drama pero en realidad es una adivinanza

 Siempre dije "el miedo a la cosa es más dañino que la cosa misma"; Estaba equivocado.

El miedo ES la cosa, la cosa ES el miedo. No son distintos.

El daño NO es lo que viene, ya lo estamos viviendo...  Ya lleva milenios ocurriendo. El nuevo eres tu.

Ese miedo no es nuevo, circunstancial ni accidental; no es una reacción consciente tuya como persona responsable que busca proteger a tu familia; es un resultado calculado, esperado y al que se la invertido mucho, en un programa social que se sustenta en ello, que se alimenta de ello.

Más que un sentimiento de cada quién, el miedo es un programa, un proyecto.

Y no va a parar; solo se irá haciendo más fuerte, duradero y sistemático.

Por mas nueva, grave y nefasta que sea la amenaza que se cierne sobre nuestra civilización, es solo una más y VA A SEGUIR SIENDO ASÍ, porque así fue diseñado.

El programa miedo no opera solo, viene de la mano con sus hermanitos (otros programas sociales del mismo paradigma): crisis, pobreza, descontento social y enfermedad.

La respuesta no es ni una vacuna, ni una guerra ni una invasión, es una elección... tuya. Pero ¿cuáles son las opciones?

  1. El paradigma Materialista (PA): Un programa tanto social como mental que origina un estilo de vida parasitario basado en el abuso del entorno y de otros seres vivos (como tu).
  2. El paradigma Natural (BE) : Un estilo de vida simbiótico basado en la sensatez y en el entendimiento de la dinámica de la vida en el planeta.

Éstos son nombres inventados por mi para designar una dualidad muy vieja en la humanidad. Son dos paradigmas (formas de pensar sobre los aspectos más básicos de la realidad) totalmente opuestos que habitan en cada uno de nosotros y son la decisión más importante que puedes tomar hoy.

Por favor lee los posts enlazados primero para que puedas entender lo que pienso:

Un animal de ciudad? WTF?

Comemos naturaleza, respiramos naturaleza, bebemos naturaleza, somos naturaleza, vivimos de la naturaleza... pero muchos creen que pertenecen a una ciudad, les es natural sentirse parte de un artefacto, una herramienta, un programa de productividad industrial.

Pero no, no es natural, ha sido pervertido.

Todo ecosistema pervertido (y sus integrantes) sufre. Todo integrante de un ecosistema sufre si es separado del mismo.

Esa sociedad industrialista que da prioridad al consumo, que premia al que más produce y qu ignora todas las consecuencias con tal de mantenerse en la rueda del dinero es producto de milenios de desequilibrio en el cual un principio masculino, degradado (materialista, orientado al costo - beneficio, dogmático, esclavista, físico, etc) ha sido impuesto a un lado femenino, subyugado (creador, intuitivo, espiritual, respetuoso de lo sagrado, etc).

Como todo lo que está en desequilibrio, está destinada unívocamente al colapso.

Hemos crecido en un entorno totalmente desprovisto de sutileza, intuición, respeto hacia otra formas de vida e inteligencia emocional.

Lo natural es el equilibrio.

Tu calidad de vida ha sido diezmada al haberse desnaturalizado; gran parte del sufrimiento que experimentas, la angustia que te deteriora y el miedo que te paraliza proviene del haber perdido conexión con tu orígen natural; cual arbusto arrancado de la tierra y puesto en un vasito de plástico.

Es verdad que como las ratas, las moscas y las cucarachas, tenemos una gran habilidad para adaptarnos a todo entorno;  si, como buen urbanita, te has acostumbrado a niveles de violencia, inseguridad, adicciones, exageraciones y perversiones muy altos. Si, quizás tu cuerpo pueda aguantar 1, 5 o 10 años más de abuso.

Los urbanita hemos cambiado la experiencia del mundo por imágenes del mundo en una pantalla, sustituímos lo que nos alimenta por lo que nos droga, lo que nos hace crecer por lo que nos distrae, lo que nos une por lo que nos diferencia y aísla, lo que nos apasiona por lo que da dinero.

Si has sido una persona objetiva, analítica y despierta, habrás notado que los vendedores del estilo de vida urbano han intentado convencerte de cosas que no son para tu bienestar

  • Alimentarte cuasi ilimitadamente (¡y a tus hijos!) con productos que son mucho menos que saludables, adictivos y degradantes
  • Consumir ávidamente vastas cantidades de medicamentos tóxicos, potencialmente dañinos o innecesarios
  • Dedicar demasiado tiempo al entretenimiento y el placer, consumiendo programación cada vez más degradante (moral, intelectual, espiritualmente)
  • Enfocarte en los retos más relevantes de la forma más superficial posible
  • Dejar en manos de criminales y mentirosos, el destino de toda una población

Tu cuerpo lo sabe, vives en una carriola sin conductor que se dirige a un barranco y cada vez va perdiendo más piezas.

Pero un día, quizás luego de haber caído en grave enfermedad, ser asaltado, confinado, violentado o estafado, una voz muy grave en tu interior te va a decir:

Ésto NO está bien.

La vida urbana / consumista / artificial debería ser algo temporal, como quien se sumerge en un río contaminado para tomar una bolsa de herramientas que está en el fondo, no se supone que te quedes ahí para siempre.

Y muchos de nosotros hemos permanecidos estáticos en ello por mucho más tiempo del adecuado.

La crisis sanitaria actual solamente nos está haciendo el favor de presionarnos para despertar a la búsqueda de una salud, dignidad y libertad verdaderas o sucumbir al esclavismo y la enfermedad.

No es una  simple elección de estilo de vida.

¿Cambiar de paradigma? 

Venimos de milenios inmersos en el paradigma materialista. Todo lo que llamamos cultura es en realidad, un programa de adoctrinamiento para que nunca salgas de ese patrón que sólo beneficia a quien lo promueve y definitivamente, no a tí.

Cambiar de paradigma es EL ejercicio de sensatez, es despertar a una realidad que no puede ser más negada ni relativizada: la forma de vida en las ciudades es energéticamente insostenible, desbalanceada y se dirige al colapso.

Cambiar de paradigma responde a la impostergable necesidad humana de generar nuevas realidades; sin colapsos, sin crisis, sin guerras y sobre todo, sin parasitismo. Urge un replanteamiento de la importancia del ego humano y el cuestionarse si de verdad es necesario y vale la pena continuar este camino suicida o no. 

Ambos paradigmas habitan en tí; por un lado tienes una intuición que intenta despertar  y reconectarte con la naturaleza (por eso estás leyendo esto) y por otro lado, milenios de adoctrinamiento se han colado hasta las bases más arraigadas de tu noción de realidad.

 

El trabajo de reconocer qué parte de ti habita en el paradigma material y en el natural es un trabajo microscópico, es como separar fibras de tejido canceroso del tejido sano; es lento, tedioso, muy oneroso, detallado y doloroso.

Quizás sientas que se trata de un cambio drástico, cuasi catastrófico, muy complicado de lograr y que te va a hacer sufrir mucho; pero eso es solo una ilusión como muchas otras, creadas en la ciudad para que temas abandonarla.

Hemos estado angustiados por complicaciones logísticas cuando en realidad se trata de una decisión emocional entre un camino y otro; no son cientos de opciones, son dos; el resto se resuelve en la marcha.

Las trampas del paradigma material para que te quedes y te sigas dejando parasitar están diseñadas para los más vulnerables, los más ambiciosos y los incapaces de evolucionar. Nunca ha sido absoluto ni infalible; solo MUY intimidante y engañoso. 

Las señales están por todos lados; discretas pero abundantes; casi en secreto, la ciudad te provee los mecanismos para que te des cuenta de que si quieres calidad de vida, debes alejarse de ella

 
Photo by Justin Luebke on Unsplash
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